teste

Ninguém alguma vez escreveu ou pintou, esculpiu, modelou, construiu ou inventou senão para sair do inferno. (Antonin Artaud)

Chet Baker - Como si tuviera alas las memorias perdidas

 

Carol Baker

Con demasiada frecuencia, los famosos se ven reducidos al tamaño de simples caricaturas unidimensionales. La percepción de la imagen pública termina por definir las propias limitaciones del personaje, la circunferencia del alma. Es algo excesivamente fácil y simplista. En una persona siempre hay mucho más de lo que el público consigue ver, y esto nunca ha sido más cierto que en el caso e Chet Baker. Por haber sido la esposa de Chet, lo sé con más intensidad que la mayoría.

A Chet no se le puede describir tan solo como músico, drogadicto, marido o leyenda. Era todo
eso y mucho más, y este libro es testimonio de esa realidad. La decisión de publicar estas memorias se tomó sin perder de vista la inmediatez y la vibración que poseía Chet, maravillosas cualidades que yo no quería ver perderse a través de las rancias menciones al uso en las páginas polvorientas de la historia del jazz, u olvidadas en esa falta de definición que se da en las escuálidas fichas biográficas. Un reportaje diluido o una información de segunda mano no son medios suficientes para captar lo que fue Chet, y tal vez haya que reconocer que este libro tampoco llegará a captarlo. En todo caso, se aproxima bastante. Estas son sus palabras, sus recuerdos, sus puntos de vista. Este libro es su historia y su relato.

Cuando Chet comenzó a escribir sobre su vida no lo hizo como un intento de realizar la crónica exhaustiva de cada día, de cada mes y ni siquiera de cada año. Más bien se propuso reunir una colección de recuerdos que todavía revestían una especial importancia para él. Cualquier biógrafo competente sabrá hilvanar dónde estaba Chet y con qué músicos tocaba en un momento determinado.
En cambio, solo Chet podrá decirles que a Charlie Parker le encantaba tomar tacos con salsa verde en el descanso de los conciertos, o qué vestido llevaba yo exactamente la noche en que conoció a mis padres (un vestido de lentejuelas verdes; según sus palabras, «estaba bellísima»).

Por lo que se refiere a mis recuerdos de Chet, sería necesario otro libro entero para empezar siquiera a arañar la superficie: cómo jugaba la luz del sol en sus pómulos marcados; la suave curvatura de su brazo cuando sostenía la trompeta; cómo se le ahondaban los ojos, cómo miraba lejísimos al tocar. Son rápidos fogonazos de él que surgen de improviso y que me hacen un nudo en la garganta.

De todos modos, al final, todos los recuerdos del mundo solamente llegan hasta ahí. Las palabras de Chet van más allá. Al leer esta espléndida mezcolanza de imágenes e impresiones, no puedo por menos que maravillarme de la exactitud con que reflejan la esencia misma de la vida de Chet, ese caos incesante y atravesado por el genio en estado puro. Chet no habría consentido que fuera de otro modo.

Carol Baker, 1997

Nenhum comentário:

Postar um comentário